Sobre Diálogo Abierto

20.11.2015

Nos encontramos en un mundo globalizado que se reconfigura de manera incesante y se reinventa constantemente como producto de una serie de transformaciones producidas a escala global, y que comprenden a distintos ámbitos: el económico, el político, el social y el cultural.

 

En esta realidad global cambiante, múltiple y diversa, tienen lugar problemáticas particulares -que si bien asumen matices propios de cada localidad-, producen sus efectos en la comunidad global. Entre algunas de ellas podemos mencionar: las confrontaciones bélicas que se sostienen de manera prolongada en distintas regiones del planeta propiciando allí escenarios de inestabilidad política; la persistencia de zonas que se encuentran en situación de emergencia humanitaria con extremados índices de violencia, marginación social, mortalidad e indigencia; los grandes contingentes de desplazados por cuestiones políticas; y las recurrentes crisis económicas y financieras cuyos efectos regresivos rápidamente resuenan en las economías regionales.

 

Asistimos de esta manera a un contexto complejo, frente al cual se presenta con urgencia una serie de desafíos que requieren del diálogo como principal herramienta de comunicación, entendimiento y transformación. En este sentido, debemos considerar a éste como una instancia de escucha y participación en el que se abre el juego a la intervención de una multiplicidad de voces, es decir, para un espacio polifónico.

 

Espacio que requiere del reconocimiento y la valoración de los diferentes matices culturales, del respeto hacia los distintos saberes y experiencias vivenciadas por las personas. Desde esta perspectiva, el diálogo se convierte en una práctica esperanzadora a través de la cual hombres y mujeres pueden reconocerse plenamente como sujetos transformadores, constituyéndose así en una herramienta política insustituible del proceso colectivo de construcción social de la realidad. Un diálogo de carácter abierto que se nutre de sueños y de afectos, de generosidad, respeto y tolerancia, del gusto por la alegría, la vida y la justicia, que se funda en el compromiso político y en el testimonio ético.

 

Desear y pretender una sociedad más autónoma, justa y democrática, implica el ejercicio de este diálogo abierto como práctica de autonomía, en el que cada uno estime y actúe de manera comprometida con estos bienes y valores culturales. Este compromiso debemos materializarlo en los diferentes roles y/o funciones que ocupemos y en cada ámbito en el que nos desempeñemos: tanto en la vida ciudadana, en la vida profesional o laboral, y en la vida familiar y/o afectiva.

 

Un diálogo abierto que no anule las diferencias sino por el contrario propicie un acercamiento enriquecedor entre diversas maneras de mirar y leer la realidad. Precisamente, a partir de este ejercicio del diálogo como práctica política es posible la consecución de un reencuentro conciliatorio entre los distintos sectores de la sociedad. A partir del despliegue de este actuar conjunto, de este hacer con otros, en el que al mismo tiempo se respeta a las voces disonantes y se acepta las distintas maneras de pensar y de ser, se nos abre la posibilidad de reinventar el vínculo social, vale decir, una nueva organización de la sociedad.   

 

El mayor desafío que tenemos por delante es aprehender la importancia que merece el respeto por la diversidad, y en este sentido la institución del Diálogo Abierto -como práctica política transformadora- permitirá sentar las bases de un nuevo modelo societal, de nuevos modos relacionales que desplacen las actuales dicotomías establecidas entre los “unos” y los “otros” para poner en marcha una articulación superadora centrada en un “nosotros”.  De esta manera contribuiremos a materializar un cambio sustancial en la vida democrática y en la sociedad, emprendiendo una transformación crítica en nuestras propias maneras de relacionarnos. Este es el camino del cual no debemos apartarnos y que debe guiar nuestras acciones, auspiciando instancias para el debate, el encuentro de saberes y la comunicación.

 

La conformación del Diálogo Abierto se entronca con estos lineamientos, constituyendo un espacio de participación sin restricciones para el desarrollo de prácticas orientadas a la producción de conocimiento, el  intercambio cultural, la escucha, el diálogo, y el ejercicio de la responsabilidad social y el compromiso político.

 

A tal fin, desde el espacio Diálogo Abierto hemos diagramado tres grandes ramas de actividades que se articulan entre sí a modo de cascada:

 

Un primer grupo de actividades que se reúnen bajo la nominación Conocer y que está conformado por un conjunto de Seminarios y Cursos que versarán sobre temas específico, dictados en distintas modalidades (presencial y/o virtual). Enmarcados en este primer grupo, también funcionarán la cátedra Mundos Contemporáneos -que se focalizará en temas globales y regionales de gran relevancia para nuestro desarrollo económico y productivo-, y los diversos Programas de Investigación.

 

La segunda rama de actividades, nominada Debatir,  tendrá como principal actividad la realización de la Conferencia Anual, un evento de carácter amplio que busca como objetivo constituirse en un ámbito de debate (de alcance local, regional e internacional) sobre los principales temas de agenda de nuestra población.

 

Por último, una tercera rama titulada Compartir que reúne a una serie de dispositivos comunicacionales desde los cuales se promoverá la circulación y difusión de las ideas, enfoques y/o producciones generadas en el espacio Diálogo Abierto.

 

Por consiguiente, nos proponemos conformar una usina de pensamiento, participación y debate, orientada a brindar un repertorio de soluciones a diferentes problemáticas -visualizadas mediante el análisis de diagnósticos situacionales- y que forman parte de la vida cotidiana de los argentinos.

 

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